La Unión Europea ha dado un importante paso adelante en la protección del agua potable con la publicación de las nuevas directrices conjuntas de la ECHA y la EFSA sobre el impacto de los procesos de tratamiento del agua en los residuos de sustancias activas y sus metabolitos en el agua destinada al consumo humano.
Hasta ahora, las evaluaciones reglamentarias se centraban principalmente en la concentración de sustancias activas en las aguas subterráneas o superficiales sin tratar antes del tratamiento. La nueva guía cambia esto de manera significativa, ya que exige evaluar qué ocurre con estos residuos durante el tratamiento del agua, incluyendo la filtración, la ozonización, la cloración, el carbón activado, los rayos UV y otras etapas. Estos procesos pueden transformar las sustancias activas en nuevos productos de transformación, que pueden tener una relevancia toxicológica diferente y, en ocasiones, mayor que el compuesto original.
Este nuevo marco de evaluación será obligatorio a partir del 1 de abril de 2026 para las solicitudes presentadas en virtud tanto del Reglamento sobre productos fitosanitarios como del Reglamento sobre biocidas. A partir de ese momento, cualquier sustancia activa o producto que pueda dar lugar a residuos superiores a 0,1 microgramos por litro en los puntos de captación de agua potable deberá someterse a una evaluación estructurada. Esto incluye la modelización ambiental, la identificación de posibles productos de transformación mediante la bibliografía, herramientas QSAR o simulaciones de tratamiento en laboratorio, la evaluación toxicológica de dichos productos y, si es necesario, una evaluación completa del riesgo para la salud humana.
Para la industria, esto supone un reto importante. Es posible que algunas sustancias que ya están autorizadas requieran nuevos conjuntos de datos, la preparación de los expedientes llevará más tiempo y aumentarán los costes de los ensayos analíticos y de los productos de transformación. La Guía modifica el flujo de trabajo al ampliar la evaluación de riesgos más allá del medio ambiente para incluir la química dentro de las plantas de tratamiento de agua.
En resumen, las nuevas directrices de la ECHA y la EFSA suponen un punto de inflexión. Las empresas que se preparen con antelación evitarán retrasos y solicitudes de datos inesperadas en 2026 y en los años siguientes. Cuanto antes incorporen los solicitantes estos requisitos a su estrategia regulatoria, más fluidas serán sus futuras aprobaciones con arreglo a la legislación de la UE.
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